mardi 24 juillet 2007

+ LA LITERATURA Y LA CRÍTICA

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Este tema fue propuesto a modo de reflexión sobre el asunto por Raúl Luceño en un artículo titulado ‘Crítica a la crítica’ en Narrador.es, en que hacía referencia a la poca utilización de la sección de ‘Crítica’ existente en el blog, preguntándose si la crítica no puede ser a la vez criticada. Recibió numerosos y variados comentarios con opiniones de lectores, entre ellos los míos. Sí, la crítica puede ser a su vez criticada, pero, ¿qué es la crítica literaria seria?

Trataré de ordenar en este artículo de modo más sistemático mis ideas sobre la materia respecto de mis comentarios mencionados más arriba, siempre desde la más estricta experiencia personal. He realizado algunas críticas de novelas, relatos y cuentos como aficionado, llegando inclusive a enviar a Narrador.es varias de ellas bajo el nombre de MIS LECTURAS -1 (y sucesivas), que espero sean publicadas en la web. Se trata de reseñas y comentarios a obras recién leídas por mí, con pretensiones de ser críticas literarias serias y objetivas, preferentemente de autores jóvenes españoles en su mayoría, con la esperanza de que puedan servir de orientación al aficionado a la lectura literaria.

Entiendo que crítica literaria es aquella que es capaz de poner en palabras lo que pensamos y sentimos al leer una obra. El escritor de una novela, relato o cuento convierte en lenguaje su experiencia (una emoción, una aventura,…) y el crítico utiliza el lenguaje para contar la experiencia que le ha dejado la lectura de la obra.

El buen crítico debe perseguir una función pedagógica, ser guía para los lectores, ser un lector cargado de lecturas, pero un lector en alerta y con la sensibilidad aguda, que es un estado de gracia, un nirvana, difícil de alcanzar, ya que la frontera entre lector y crítico es invisible.

Toda crítica debiera no ser subjetiva, pero lo es por múltiples razones (intereses económicos de las editoriales, grupos de presión, modas temporales, etc.). La meta deseable sería la objetividad. No se debe perder de vista que siempre hay nuevas lecturas posibles de una obra. El crítico debe ser un hombre de su época y participar de los ideales estéticos, sociales y filosóficos de su tiempo. Está en constante fase de aprendizaje.

Para conseguir ser un buen crítico hay que haber sido antes un buen lector, con bastantes lecturas a las espaldas. Cualquiera que haya recorrido ese camino como lector y sepa transmitir lo que ha leído, lo que ha querido decirnos el autor, que haya captado el mensaje de la obra, puede ser crítico, con más o menos experiencia en la materia. No hace falta ser un experto en Literatura. No existe nadie que conozca o sepa dilucidar cúanto hay que saber acerca de Literatura —con mayúsculas— para ser un crítico serio y eficaz.

España ha sido un país con una notable tradición en el mundo de la crítica y lo sigue siendo, con un recorrido importante en este género. En el Renacimiento la ejerció de forma ocasional Cristóbal de Castillejos. En nuestro Siglo de Oro, Miguel de Cervantes fue crítico en sus obras, principalmente en El Quijote (compendio de muchos géneros: novela realista, crítica literaria, cuento, etc.). Lope de Vega y Luis de Góngora, éste en sus sátiras, también se convirtieron en notables críticos.

Posteriormente, otros críticos objetivos y destacados fueron Blanco White y Leandro Fernández de Moratín, entre algunos otros.

En el siglo XIX destacaron Leopoldo Alas ‘Clarín’ y Menéndez Pelayo, éste con un gusto muy clasicista y de interpretación católica y tradicionalista.

En el siglo XX: Azorín, Unamuno, Menéndez Pidal. De la denominada Generación del 98: Eugenio d’Ors, Pérez de Ayala, Américo Castro, Juan R. Jiménez, Ortega y Gasset, etc. Y en la del 27 hemos tenido grandes maestros de la crítica, entre otros, nombres tan ilustres como los de Pedro Salinas, Jorge Guillén, Luis Cernuda, Dámaso Alonso,…

Y finalmente, hoy contamos con críticos prestigiosos, de los que quiero resaltar a Antonio L. de Villena, García Martín, Rafael Conde, Luis Suñén, Miguel García Posada,…

No quisiera omitir a revistas (Ínsula, Revista de Libros,…) y suplementos semanales de rotativos nacionales que ejercen asimismo la crítica literaria (El Cultural, Cultural, ABCD, Babelia,..) por considerarlo de estricta justicia.

Entiendo que aquí han quedado contestadas de forma más amplia las preguntas que se hacía y nos formulaba Raúl en su artículo citado al principio.

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